Pep Guardiola tendrá serios problemas para ingeniar algún remedio que pueda frenar el empacho de euforia. "No sé cómo podré hacerlo para que la gente esté con los pies en el suelo", aseguró el técnico al término del gran clásico. Y es que por el retrovisor ya ni siquiera ve al Madrid, que a 12 puntos de distancia ha dejado de ser, por el momento, una amenaza.

Lo que es evidente es que el Barça está que se sale. En 15 jornadas se ha plantado con 38 puntos (por 26 de los blancos) y evidencia una auténtica metamorfosis de difícil explicación si se toma como referencia la pasada temporada. Por entonces, con los mismos partidos disputados, andaba segundo en la tabla con 31 puntos, a cuatro del Real Madrid. El Barça llevaba además 29 goles a favor y 12 en contra (el Madrid de Schuster iba con 37-14), nada que ver con los 46-9 de esta campaña.

Desde que perdió en Soria en la primera jornada liguera, el FC Barcelona sólo ha cedido dos empates (ambos en casa ante Racing y Getafe) y ha superado la la "etapa reina" como nadie. Goleada ante el Sevilla a domicilio, paseo triunfal en el Camp Nou ante el Valencia y el clásico del sábado. Nueve puntos con nueve goles a favor y Valdés imbatido, la medicina que aplica cada tarde que se viste de corto. Su demoledor arranque de temporada se justifica con el 84 % de los puntos conseguidos, que sirve para cerrrar las heridas del pasillo y demás humillaciones en las que derivó la última fase de la era Rijkaard.

El próximo domingo tiene la última ascensión complicada en el campo del Villarreal antes del parón navideño y luego, para cerrar la primera vuelta, Mallorca y Deportivo en casa y visita al Reyno de Navarra, una de las preocupaciones de Guardiola por extraño que parezca. Así, tiene en su mano superar los 47 puntos que ya logró el Madrid en el primer tramo de de la Liga 2007-2008, pues los 40 con los que acabó están prácticamente alcanzados.

Estos son los frutos del nuevo Barça que va lanzado como si fuera un cohete. Porque hasta la estrategia marca goles, 12 en concreto, un recurso que hasta hace poco no se tenía en consideración. Pero la fiesta continúa en can Barça. Una fiesta a la que todavía no quieren acudir los jugadores. Guardiola no es amigo de las distracciones.