Es domingo. Hace una tarde soleada y se acerca la hora del partido entre el Real Madrid y el Getafe. Llego a las inmediaciones del Santiago Bernabéu acompañado de mis amigos y con mi cámara fotográfica preparada para captar instantáneas de los momentos previos al derby.


De repente me giro y clavo mi mirada en un hombre de mediana estatura y con semblante serio. Reflexiono y me doy cuenta de que estoy junto a una de esas grandes figuras que han marcado una historia en la Liga española y en concreto, en el club de Chamartín. Se trata del "mítico" Paco Buyo. Un excelente portero que hizo soñar y disfrutar a la hinchada madridista durante toda una década.


Pero ahora sobre el Bernabéu sobrevuelan tiempos cargados de incertidumbre. Y eso lo reflejaba a la perfección el rostro de este gran arquero, que junto a Andoni Zubizarreta ha marcado unos registros envidiables. Se ha alzado en dos ocasiones con el trofeo "Zamora", en las temporadas 87/88 y 91/92, donde tan sólo encajó 23 y 27 goles respectivamente. Jugó un total de 542 partidos en Primera División y desde que lo fichara en 1986 el Real Madrid, cuando militaba en las filas del Sevilla, cosechó múltiples títulos: seis Ligas, tres Supercopas y dos Copas del Rey, en tan sólo 10 años.


Sin duda, muchos aficionados firmarían cualquier documento con tal de que regresara el buen fútbol al césped del estadio de Chamartín. Porque ya van a cumplirse cuatro años de sequía de títulos y eso es un exceso para el exigente seguidor madridista.


Ante el Getafe el Madrid volvió a mostrar su lado más vulnerable y menos "galáctico". Durante prácticamente toda la primera parte fue como un juguete en manos de los de Bernd Schuster, que con Güiza de protagonista, silenciaron el Bernabéu con el 0-1.
Van Nistelrooy empató de penalti, pero con fortuna, ya que el balón golpeó el poste para entrar. Lo curioso fue la imagen que nos dejó grabada Robinho en la retina, tras celebrar con entusiasmo y tumbado sobre el césped que el colegiado había señalado el punto de los once metros.


¿Y es que el Madrid de Capello se iba a conformar con un simple empate ante el Getafe? Pues todo apuntaba a que sí. Y sin ofender a los jugadores de Schuster que están desarrollando una excelente temporada, tuteando de nuevo al Madrid en su estadio y siendo además semifinalista copero.


Igual que la presencia de Paco Buyo nos trajo a la memoria historias del pasado, con Fabio Capello sucederá lo mismo. Pues dentro de un tiempo será agua pasada y quizás sea Bernd Schuster, quien se siente en el banquillo madridista, no como jugador, que ya lo hizo, sino como entrenador. Y es en esta faceta donde ha hecho crecer a equipos como el Xerez, el Levante y el actual Getafe.


Y eso es precisamente lo que le hace falta al Madrid, cargarse de moral y querer verse de nuevo campeón. Y esta inflexión psicológica la sabe transmitir con tesón y entrega el técncico alemán. Ha llegado la hora del cambio y de retomar de nuevo la senda del triunfo que dejó latente otro hombre de la casa blanca: Vicente del Bosque.