El fútbol mueve pasiones y concentra millones de sentimientos. Y si hablamos de un "derby" entre Atlético de Madrid y Real Madrid todo esto cobra su máxima expresión, a pesar de que sea un partido más de la Liga española. Pero es que en realidad está en juego el honor y la satisfacción y el sabor dulce de la victoria que otorga noquear al eterno rival.

Pero además de todo esto es una fiesta del deporte y un día especial, donde los jugadores muerden la hierba, muestran su coraje, su rabia contenida y con los goles se desata la euforia en su máximo grado,
reflejado en los rostros de los
aficionados, que tiñen de colores
las gradas del coliseo rojiblanco.
Otro factor a tener en cuenta es que en los "derbys" no hay favorito por mucho que las cifras y la clasificación quieran hacer válida esta afirmación. En realidad, podría asemejarse a un combate, a una maratón o a un exhaustivo entrenamiento, por que los dos equipos se preparan ya mentalmente desde que arranca el campeonato. Son duelos de "caballeros" y donde también se saldan deudas pendientes con el pasado, aunque lo que cuenta es el presente. Porque los días siguientes al partido, este se convierte en el principal tema de las tertulias e incluso bromas.

Esta vez Atlético y Real Madrid empataron en el marcador, aunque los rojiblancos jugaron con más corazón que cabeza, mientras que los madridistas resultaron ser más eficientes con el gol de Higuaín. Sin embargo, nadie olvidará que fue el "derby" del niño Torres, que volvió a lucir sus zapatillas rojas, esas que le han dado suerte en otros encuentros donde ha anotado goles de bella factura como ante Villarreal, Deportivo y Barcelona. El caso es que Fernando Torres se quitó esa espinita clavada, logrando abrir por primera vez el cerrojo de la portería del guardián blanco Iker Casillas en partido oficial.

Desde ese instante la gente del Vicente Calderón volvió a creer en los cuentos con final feliz. El Atleti jugaba con criterio, abría bien las bandas y era capaz de tutear a todo un Real Madrid, aunque eso sí, mermado en bajas y también moralmente. Pero no hay que olvidar que siempre sabe como salir del atolladero. Esta vez su hombre "salvador" fue el ariete argentino y ex de River, Higuaín. También fue memorable el recital de vuelos bajo la portería que realizó "San Iker Casillas", un verdadero garante parael arcodel club de Chamartín.

El gol de Perea, que sólo fue concebido por la mínima duración de 2,4 segundos inundó de alegría, eso si contenida, el corazón de los aficionados colchoneros que soñaban con una victoria al cabo de 8 años sin conseguirlo en el coliseo rojiblanco. Pronto se desvaneció ese sueño cuando fue anulado el tanto.

Sin duda, fue el "derby" de la ilusión y de la pasión, pero una vez más el Atlético no supo como doblegar al Madrid, que pareció contar con la ayuda divina y terrestre, aunque también esclavo de sus propios desaciertos ante la meta rival. Torres ya ha marcado al Madrid, pero ahora su reto es ganarle. El reto está servido y la ilusión está latente. En el próximo duelo se verá si "el niño" ha dado ya ese salto de calidad que tanto necesita el equipo para doblegar a un grande del fútbol español como es el Real Madrid.