Algunos le recuerdan por su cabezazo a Materazzi en la final ante Italia en el último mundial de fútbol disputado en Alemania. Los aficionados del Real Madrid y al buen fútbol, por su brillante gol ante el Leverkusen en Glasgow y que supuso la consecución de la Copa de Europa. Otros simplemente echan de menos su elegancia en el preciso toque de balón y al ritmo de ese popular regate bautizado como la "Marsellesa".
El 25 de abril de 2006 confirmó que se retiraría del fútbol profesional tras la conclusión del último mundial de fútbol. Pero ahora vuelve a calzarse las botas. Será el próximo 1 de junio para disputar un partido de exhibición en Australia y que servirá también para promocionar la candidatura de dicho país para albergar el Mundial de 2018.
Zinedine Zidane o "Zizou" es uno de los últimos grandes valuartes que sin duda dejó un hueco, que el mundo del fútbol aún no ha sabido llenar. Ningún jugador de la actualidad alcanza ni siquiera de lejos los umbrales de virtuosismo a los que elevó el fútbol este extraordinario deportista.
Así empezó todo
De bien pequeño, Zidane acudía al Velodrome de Marsella a ver al Olympique y fijarse en su gran ídolo y futbolista inspirador de su manera de entender el fútbol: Enzo Francéscoli. El "príncipe" fue el espejo en que se miró un joven que durante su carrera logró superar los mayores logros de su maestro. Una capacidad técnica prodigiosa que se forjó en los campos de tierra de los suburbios marselleses, allí donde la calidad individual debe ser demostrada en medio metro cuadrado y ante una maraña de piernas.
Tímido y apocado fuera de los terrenos de juego, sobre el verde Zidane reclamaba permanentemente el protagonismo, el calor de los focos. Era el tipo de jugador capaz de lograr que su equipo gire alrededor de él, de manejar los hilos de un partido sólo con su presencia.
Con un hijo de inmigrantes argelinos como él al frente de la multirracial selección gala del 98, Francia coronó la cima más complicada, la del Mundial. Su forma de interpretar el fútbol estaba basada en la nobleza, en la elegancia y en la belleza. Y seguro que muchos pensaban que los detalles técnicos del "10", como controles, pases, toque de balón o regates, se podrían enseñar en todas las academias futbolísticas del mundo. No se equivocaron.
Zidane, para el recuerdo..
